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Donald Trump triunfó

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Con un controvertido sistema electoral es el nuevo presidente de los Estados Unidos.  A pesar que Hillary obtuvo  47,7% contra el 47,5% del republicano. Un grito desde la oscuridad.

Contra todo pronóstico la candidata demócrata no pudo. Ni las encuestas, ni las principales cadenas de información, ni las personalidades relevantes anticiparon la derrota. Trump además controlará el Congreso, ya que retiene la mayoría en ambas Cámaras.

Otra vez fallaron los pronósticos, como sucedió en Gran Bretaña con el Brexit o en Colombia con el Tratado de Paz.

Otra revuelta contra el establishment  difícil de analizar en forma sencilla.

 Es que Hillary a la derecha de Obama era una cómoda candidata para los sectores de poder económico y financiero de los Estados Unidos. El supuesto contrapeso al miedo ó el fanatismo no convenció. Tampoco su condición, que hubiera posibilitado ser la primera presidenta mujer del país. Quizá la memoria no falló, al recordar que supo apoyar la guerra de Irak, como oponerse al matrimonio igualitario para luego  aparecer cambiando de opinión. Probablemente esto convenció a las clases populares para que desconfiaron de ella, en su honestidad (su impopularidad tiene un 70% de registro de desconfianza), como tampoco parece que el amplio electorado le tiene confianza al establishment. Allí también “la clase dirigente”  reniega contra el “populismo”.

Es lamentable que en esta rebelión se cuele el discurso xenófobo, sexista y el nacionalismo fascista. Lo peor de las entrañas del ciudadano relegado por una política económica que lo marginó de las fábricas, de la mano de la globalización y las nuevas tecnologías.

Trump ganó en Florida, Ohio, Pensilvania y Wisconsin, que suelen tener voto cambiante. Ganó en sus estados naturales del Sur, Norte y centro rural, marginadas del “nuevo progreso” y perdió en las costas llamadas “cosmopolitas” donde se aloja la nueva economía y las cabezas mas “abiertas”.

Sólo el magnate supo interpretar este sentimiento de rebeldía. No se generaron nuevas representaciones efectivas, que permitieran a la clase política progresista capitalizar ese descontento y así ganar una base suficiente para un cambio genuino que transforme la vida común de las personas. Otra crisis política de representatividad como la de acá y la de tantas otras latitudes.

En un interesante artículo publicado por el cineasta y escritor, crítico estadounidense Michael Moore (ver detalle) publicado en julio de este año, anticipa cinco razones por las que entiende Trump va a ganar.

En primer lugar dice que centrará su campaña en clásicos Estados Demócratas que vienen eligiendo gobernadores republicanos, afectados por los cambios económicos. Con fuertes amenazas a empresas “globalizadas” que resulta buena “música para los oídos de la clase trabajadora” por ejemplo de Michigan. Amenazas dirigidas nada menos que a la Ford Motors ó Apple.

En segundo lugar con un “pequeño resumen de la mente del hombre blanco en peligro de extinción” dice que este tiene la sensación del hombre que se le escapa el poder por las manos e induce qué pensará: “después de haber tenido que pasar por ocho años en los que un hombre negro nos ha dicho qué hacer, ¿se supone que tenemos que aguantar ocho años en los que una mujer nos mangonee? ¡Después de eso serán ocho años de gays dirigiendo la Casa Blanca! ¡Y luego transexuales! Ya veis por dónde van las cosas. Para entonces, se les habrán concedido derechos humanos a los animales y el presidente del país será un hámster. ¡Esto tiene que acabar!”.

En tercer  orden lo atribuye los puntos débiles de Hillary y su falsa opción.

El cuarto lugar se lo lleva lo que llama el voto deprimido de “Bernie Sanders”. Esto es a lo poco que entusiasma votar por el mal menor y sobretodo lo poco que anima a replicarlo, en un sistema electoral voluntario, donde quién esté verdaderamente motivado va a votar y el que no se queda en casa. Hubo motivación para el votante de Trump, votar contra el sistema, pero no para el de Hillary que no convenció.

La última razón es la de cierta irracionalidad del votante, que consiste en hacer de su voto algo que genere un “cambio” (cualquier comparación es casual). Utilizar ese poder para sentirse que se pueden mover los hilos aunque sea “para ver el mundo arder”, sin medir consecuencias, una decisión con tonos anárquicos, en la soledad del “cuarto oscuro” sin rendirle cuentas a nadie. Un grito desde la oscuridad. 

Duro revés para la clase política que representa al establishment. Perder las elecciones con una ex primera dama, ex senadora, ex Secretaria de Estado, en manos de un magnate inmobiliario que se lanzó a la política hace sólo un año y medio y que en 18 meses plagado de “errores” electorales de manual, convirtió el mundo global en una Reality Show y se hizo de la Presidencia de “la de siempre como nunca” (parafraseando a Chapelco) de la peligrosa superpotencia mundial.

 

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Con un controvertido sistema electoral Trump es el nuevo presidente de los Estados Unidos.  A pesar que Hillary Clinton obtuvo  47,7% de los votos contra el 47,5% del Republicano, el Colegio Electoral con sus 279 electores lo consagrarán como Presidente (ver detalle). Un grito desde la oscuridad.

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