Paralelo Sur

Switch to desktop Register Login

Daños silenciosos nos asechan

Valora este artículo
(0 votos)

La Corte suprema de EE.UU. prohíbe el uso de uno de los pesticidas más usados en Argentina, por causar graves problemas en el desarrollo de los niños. Por Leonardo Leggieri.

No es novedad que seamos presos de los intereses de los más acaudalados. A veces, no hay ciencia que valga para contrarrestarlos. A veces, no alcanza la avasallante evidencia. No alcanza para que los representantes del Estado tomen cartas en el asunto, sean jueces, gobernantes o congresistas. Cuando distintos estudios científicos, realizados en distintos países por diferentes personas, evidencian lo mismo, el rigor de los hechos se vuelve indiscutible. Un caso de ello es el efecto nocivo sobre la salud del Clorpirifos (CPF), un insecticida y acaricida ampliamente usado.

Estudios publicados en el año 2000 demuestran como el CPF causa malformaciones cerebrales en el feto durante el embarazo, incluso en muy bajas dosis (1). Si una mujer embarazada sufre la exposición al pesticida, podrá hallarse al CPF en el líquido amniótico y en el feto, ya que puede cruzar fácilmente la placenta (1). Los niños de 7 años afectados por CPF durante el embarazo tuvieron problemas neurológicos y físicos, como menor tamaño de la cabeza y peso al nacer, reducción en los reflejos neonatales, problemas de atención e intelectuales, fallas en la diferenciación sexual y anomalías del desarrollo neuronal (1,2). También puede causar problemas autoinmunes, cáncer de pulmón y autismo (3). Puede ser duro leer esto, pero no es una mirada fría sino una forma clara y directa de hacernos razonar por qué debemos exigirles a los representantes del Estado que prohiban el uso de este pesticida, que no es otra cosa que un arma cruel y perversa (y para algunos una fábrica de dinero).

No estamos hablando de futurología, CPF está en nuestras vidas, nos rodea. Está ocurriendo hoy en Argentina, así como en unos cien países más. El CPF se utiliza comúnmente en hogares, campos y granjas. En el hogar, se usa para controlar cucarachas, pulgas y termitas y hasta se usa en algunos collares de pulgas y garrapatas. Leamos las etiquetas. En la granja, se usa para controlar las garrapatas en el ganado y como un aerosol para controlar las plagas de cientos de cultivos de frutas, frutos secos, cereales y hortalizas. En Argentina, investigadores del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CONICET-Universidad Nacional de La Plata) encontraron residuos de CPF en frutas y verduras monitoreadas por el SENASA así como en las aguas de ríos y arroyos bonaerenses. Lo cual indica que no sólo estamos expuestos externamente sino que también lo consumimos.

La historia comenzó en 1965, cuando la empresa Dow Chemical comenzó a comercializar el CPF bajo los nombres de Dursban, Lorsban y Renoban (3). Desde entonces, su uso sólo se ha propagado. Hace sólo unos días, el New York Times anunció un triunfo para la protección ambiental y sanitaria, un triunfo de las evidencias científicas: el tribunal de apelaciones de San Francisco determinó que la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA, su sigla en inglés) debe retirar del mercado todas las formulaciones a base de CPF (4). La corte hizo aquello que el poder ejecutivo no quiso el año pasado, seguramente no por negligencia, sino por resguardar intereses privados, como el de la empresa Dow Chemical. Paradójicamente, no es una novedad que causa problemas de salud en la población. Las evidencias aparecen, ya desde hace casi 20 años, como ya mencionamos (1). En 1995 y 2003, Dow Chemical fue multada con 2,7 millones de dólares por ocultar casi 250 casos de intoxicación con CPF (4). Desde entonces el producto se prohibió en zonas urbanas de EEUU pero no en el campo y las granjas, lo cual, evidentemente fue una solución escueta ya que su presencia en los alimentos siguió existiendo. En Argentina, ni siquiera eso ha pasado. El CPF sigue siendo uno de los pesticidas más usados en nuestro país y, en muchos casos, su aplicación sobre los humanos es negligente e irresponsable (5). Es obligación de los gobernantes y de los jueces nacionales el tomar cartas en el asunto y garantizar la salud de todos los argentinos, incluyéndose ellos mismos.

Conozcamos a nuestro enemigo. Es un sólido blanco cristalino (se ven como cristales, como el azúcar) con un fuerte olor. Es justamente un insecticida y acaricida porque es un inhibidor de la actividad colinesterasa de las neuronas en los insectos y ácaros (¡y también en otros animales como nosotros!). La actividad colinesterasa es la que permite la comunicación entre las neuronas. Al estar inhibida por CPF, se interrumpe la replicación y diferenciación de las células nerviosas (del cerebro y del resto del cuerpo), provocando la muerte de las neuronas (apoptosis) e impidiendo la formación de circuitos neuronales (1). Según la nomenclatura química, CPF es O,O-dietil O-3,5,6-tricloropiridin-2-yl fósforotioato (No es más que un anillo de 5 carbonos y 1 nitrógeno, con tres colitas de cloruros y una cola de azufre y fosfato metilado (3)).

$1(1)     http://www.pnas.org/content/pnas/early/2012/04/25/1203396109.full.pdf

$1(2)     https://ehp.niehs.nih.gov/1003160/

$1(3)     https://pubchem.ncbi.nlm.nih.gov/compound/chlorpyrifos#section=Top

$1(4)     https://www.nytimes.com/2018/08/09/us/politics/chlorpyrifos-pesticide-ban-epa-court.html

$1(5)     http://www.annurtv.com/nota/23082-opinion-victimas-de-un-agronegocio-atroz-maestras-fumigadas-en-argentina.html

Deja un comentario

Make sure you enter the (*) required information where indicated.Basic HTML code is allowed.

Paralelo sur noticias

Top Desktop version