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Declarar sitio sagrado al Pijan Mawiza (Volcán Lanín) - Un posicionamiento necesario

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Docentes del Asentamiento Universitario San Martín de los Andes de la Universidad Nacional del Comahue expusieron su postura al respecto.

Esta localidad patagónica ha incorporado a su imagen turística “lo mapuche” apropiándose de esta cultura como recurso turístico, (…) un pasado que se hace presente en cada reivindicación étnica. En definitiva, la “interculturalidad” es una construcción social pendiente.

Con estas palabras finalizábamos el documento que titulamos a fines del año 2014 “YO QUIERO A MI BANDERA”, parafraseando la canción “Que me pisen” de Luca Prodan, con motivo del izamiento de la bandera mapuche "wenufoye" en el centro cívico de San Martín de los Andes.

Y después de tres años, docentes e investigadores de la Universidad Nacional del Comahue que trabajamos en el Asentamiento Universitario San Martín de los Andes, volvemos a reflexionar y tomar posición,sobre las últimas expresiones vertidas por representantes de sectores privados y públicos de esta localidad, en relación a la solicitud de declarar sitio sagrado al Pijan Mawiza (Volcán Lanín).

En primer lugar, ante la desinformación o directamente manipulación de la información en los diferentes medios locales, por parte de los organismos públicos y privados que estuvieron en el centro del debate, nos parece “lógico” comenzar por el principio: ¿Qué es y que representa un sitio sagrado y cuáles son las directrices que lo respaldan a nivel mundial?

La UICN[i] (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) establece que en cualquiera de las seis categorías reconocidas a nivel internacional de áreas protegidas -Reserva natural estricta, Área silvestre, Parque nacional, Monumento natural, Áreas de gestión de hábitats/especies, Paisaje terrestre/marino protegido y/o Área protegida con uso sostenible de los recursos naturales-, “los lugares sagrados (incluyendo los lugares y paisajes naturales sagrados) pueden ser reconocidos potencialmente como componentes legítimos de los sistemas de áreas protegidas” (UICN, 2008)

Según esta organización mundial, “muchas áreas protegidas contienen lugares de importancia para alguno y a veces varios sistemas de valores espirituales o de creencias, incluyendo tanto lugares naturales sagrados como monumentos construidos como monasterios, templos, altares y rutas de peregrinación. Incluso en los sistemas de áreas protegidas en los países más secularizados de Europa, que fueron establecidos empleando únicamente criterios ecológicos, se estima que entre el 20 y el 35 por ciento contienen valores culturales o espirituales significativos” (UICN, 2008)

Con esto queremos destacar que según establece este organismo, en ocasiones incluso países y territorios enteros donde toda la naturaleza es sagrada y las áreas protegidas pueden formar entidades más pequeñas como parte de paisajes sagrados más extensos. También se destacan en sus directrices, que debe haber “gestores locales” quienes tienen la misión de velar y asegurar la protección de los valores espirituales protegidos junto con el patrimonio natural, aclarando que nunca dejan de pertenecer al área protegida involucrada. También señalan que en la actualidad los lugares sagrados no están “reflejados eficazmente en los diseños y planes de gestión de áreas protegidas, y los marcos legales y políticos existentes no apoyan adecuadamente los lugares (naturales) sagrados”. (UICN, 2008)

Este fenómeno que se da a nivel mundial (Son cientos los casos distribuidos en todoslos continentes), ya que se considera que los lugares naturales sagrados “han estado proporcionando una conservación eficaz de la biodiversidad, a menudo durante siglos. Los lugares sagrados existen en ecosistemas más o menos naturales, paisajes culturales o paisajes gestionados y cuando existen en áreas protegidas tienen que ser incluidos completamente en las estrategias de gestión en conformidad con los correspondientes grupos religiosos o comunitarios.”

En otras palabras, la UICN establece que la inclusión o no de un lugar sagrado concreto en el sistema de áreas protegidas depende de los deseos del grupo étnico / religioso involucrado, y que estén en relación con los objetivos de gestión del área protegida, aceptando todas las partes intervinientes mantener la biodiversidad junto a los valores sagrados del lugar.

Se establece explícitamente que esto es posible, si se aborda conjuntamente sin fronteras ideológicas, físicas o institucionales, en un proceso que integra el conocimiento y la sabiduría en la conservación de la biodiversidad y que conduce según esta organización internacional a la interculturalidad.

Un proceso consensuado, como viene sucediendo en los últimos 50 años, donde se han visto surgir alternativas al modelo hegemónico de administración de las áreas protegidas, con el establecimiento de paisajes protegidos -inicialmente en Europa- y, más recientemente, con un giro hacia un modelo de áreas protegidas más inclusivo con respecto a la población local.

Luego de este breve recorrido, no quedan dudas de los alcances de un fenómeno mundial -junto a los procesos de patrimonialización de la UNESCO-, donde además se destacan los beneficios hacia el turismo - por ejemplo, agregarle “valor cultural” a un paisaje natural- y las posibilidades de financiamiento para sostener estos proyectos.

Por lo tanto, resulta necesario preguntarse ¿cuáles son las razones de la total oposición de sectores privados y públicos nucleados en el ENSATur, reproduciendo incluso expresiones cargadas de prejuicio y discriminación hacia un colectivo social y étnico como el pueblo mapuche?

Queda claro en primer lugar que un proyecto de Sitio Sagrado no es novedoso, propio de un grupo étnico ni que el co-manejo se dé solo en el Parque Nacional Lanín.

Son en estos momentos de visibilización, como el izamiento de la wenufoye – bandera mapuche en la Plaza San Martín, la temporada invernal en el Cerro Chapelco o la declaración de Sitio Sagrado al Pijan Mawiza - Volcán Lanín, cuando se recrea en ciertos actores sociales, económicos y políticos de San Martín de los Andes, la construcción de una alteridad amenazante, que se manifiesta en una construcción polar ellos-nosotros, en la que violentamente se definen (y redefinen) distancias sociales, económicas y culturales.

Las imágenes proyectadas resultan contrastantes; por un lado se presenta una aldea ecológica e intercultural que se sustenta en el valor económico de un espacio territorial y por otro, una localidad compleja, conflictiva y contestataria que reelabora permanentemente la construcción simbólica de la diversidad cultural.

En otras palabras, dos lógicas contrapuestas que se disputan un mismo territorio. Por un lado, los derechos que sustentan un enfoque capitalista basado en la propiedad privada y el control político sobre un colectivo indígena. Enfrente el derecho social a la supervivencia del pueblo nación mapuche, que organizado reclama el control de su hábitat como una condición necesaria para la reproducción de su cultura y su propio desarrollo.

A este espacio social y culturalmente construido y que da sentido a la identidad colectiva, se superpone la concepción economicista del turismo.

Contradictoriamente las comunidades mapuche, a partir del reconocimiento territorial, adquieren una visibilidad impensada anteriormente en contextos turísticos. Esta nueva situación les posibilitó su exposición pública como sujetos sociales.

No se puede desconocer la implementación de prácticas discriminatorias hacia los pobladores -mapuche y no mapuche- que conforman territorios comunitarios asentados en la periferia de San Martín de los Andes.

En el caso específico de los integrantes de las comunidades mapuche, son presentados y representados como sectores de la población de origen extranjero - chileno-, que viven del Estado, no tienen iniciativa o interés alguno en incorporarse a “la modernidad” y a la lógica capitalista de la libre empresa, reforzando la idea de sujetos pasivos, no trabajador, acostumbrado a la ilegalidad.

En el caso analizado, a través el turismo existe una continuidad que reproduce este posicionamiento. Primero cuando son percibidos como factores atentatorios del desarrollo de la actividad, y luego cuando se incorporan como productores turísticos, ya que necesitan legitimarse tanto como pobladores – mapuche – argentinos, de acuerdo a los parámetros y condiciones previamente fijados, en este caso por empresarios turísticos privados y su reproducción en los organismos oficiales.

Desde su fundación hasta llegar a ser una ciudad turística, el problema mapuche surge como algo externo a la realidad socioeconómica y política de San Martín de los Andes, vivido como problema y conflicto por sectores relacionados con el poder.

La interculturalidad es un cuestión de democratización de la sociedad, entre otras cosas de reconocimiento activo del otro, por el hecho que es entre culturas la construcción de las relaciones pluriétnicas. Como se explicitó, éste es un cambio de alcance político y no meramente cultural. La democracia pluri e intercultural por lo tanto, requiere de la aceptación y la generación de las condiciones necesarias para que puedan convivir en forma igualitaria todos los pueblos autónomos y considerar las diferencias sociales, culturales y étnicas.

En el caso abordado -declaración de sitio sagrado del Pijan Mawiza / Volcán Lanín-, representaría un profundo cambio reconocer la potencialidad que tienen los pueblos indígenas para el diseño y ejercicio de una alternativa integral y diferente sobre el desarrollo territorial, con articulaciones interculturales entre la sociedad y el Estado argentino. Esta posición no significa que las comunidades mapuche se interesen en el denominado “cobro de ingreso” al volcán, una aseveración mediatizada y manipulada que dista ampliamente de las condiciones de Sitio Natural Sagrado.

Pero este es un cambio generacional que estamos transitando, en una sola y definida dirección, y que nos confronta con la oposición o rechazo de ciertos pliegues políticos en forma asociada con las distintas organizaciones no gubernamentales o empresariales relacionadas con la actividad turística, acentuando un proceso de estigmatización y reconstrucción de una frontera interna, que delimitó y posteriormente segregó a sectores de su población, en particular de ascendencia mapuche.

En definitiva, el discurso turístico implementado en San Martín de los Andes, bajo las ideas de reconocimiento, respeto, integración y diversidad de una localidad, que se autodenomina “intercultural” desde los primeros párrafos de su Carta Orgánica, incorpora y sostiene los mismos argumentos que definieron las identidades y alteridades de los grupos indígenas en el último siglo: prevalece lo homogéneo sobre lo diverso e integra lo indígena - mapuche en una concepción basada en el sometimiento y la discriminación.

Esta es una síntesis de nuestro posicionamiento que deseábamos compartir con toda la comunidad, tal como lo hacemos en el aula junto a nuestros estudiantes universitarios.

Expresamos además nuestro profundo rechazo hacia las expresiones racistas y xenófobas formuladas en las últimas semanas.

Creemos que el cambio para lograr la interculturalidad se da en primer lugar, cuando todos los sectores de la sociedad sanmartinense comiencen a expresar su oposición a la violencia simbólica de desprecio hacia el “otro” y su rica cosmovisión. Ese será el comienzo del camino a transitar.

Bibliografía consultada:

(2008) Directrices para la aplicación de las categorías de gestión de áreas protegidas. UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza)

(2008) Sitios Naturales Sagrados. Directrices para Administradores de Áreas Protegidas. UICN. Grupo de Trabajo en Valores Culturales y Espirituales de las Áreas Protegidas, en colaboración con el Programa Hombre y Biosfera de la UNESCO. Robert Wild y Christopher McLeod, Editores.

Autores: Marcelo Impemba, Graciela Maragliano y Gabriel Stecher



[i] La UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), fundada en 1948, agrupa a Estados soberanos, agencias gubernamentales y una diversa gama de organizaciones no gubernamentales, en una alianza única: más de 1000 miembros diseminados en cerca de 160 países, Argentina incluida. Como Unión, la UICN busca influenciar, alentar y ayudar a los pueblos de todo el mundo a conservar la integridad y la diversidad de la naturaleza, y a asegurar que todo uso de los recursos naturales sea equitativo y ecológicamente sustentable. Website: www.iucn.org

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