Paralelo Sur

Switch to desktop Register Login

Morir, o que te maten

Valora este artículo
(0 votos)
Morir, o que te maten Foto: ATEN SMAndes

Análisis Crítico del Discurso. Qué dicen y qué no en ciertas frases cuando se cita a alguien que murió y de alguna forma lo mataron.

El 28 de marzo de 1942 morían en Alicante, España, al poeta Miguel Hernández. Una semana antes de esa fecha, el 21 de marzo, las efemérides indican que es el Día Mundial de la Poesía. Entonces una editorial  posteó «En el Día Mundial de la Poesía y a una semana del 75 aniversario de su fallecimiento, queremos recordar a Miguel Hernández, el gran poeta del siglo XX, en cuyo honor 2017 ha sido declarado el "año de Miguel Hernández”». Acompañaban la publicación en una red social bellos versos del poeta a los que se sumaba una ilustración de tres hadas posmodernas (hadas al fin).

Una amiga -con las mejores intenciones- me hizo llegar el link. Y me ofusqué un poco al recibirlo. No por el noble y generoso gesto, sino porque me pregunté casi automáticamente si la vida de Hernández fue tan naif como este sintético combo nos la quería mostrar. Claro que para cualquier editorial implica un trabajo arduo llevar a cabo un recorte cuando la producción es prolífica, reconocida y excelsa. Pero este recorte en particular, con esas imágenes, más la idea de “a una semana del 75 aniversario de su fallecimiento” terminan dando cuenta, una vez más, de cómo los dispositivos discursivos mediáticos no son inocentes. De cómo la línea editorial toma ciertas decisiones a la hora de informarnos, de cómo es necesario (como dice Daniel Link) comprometerse con cierta “lectura de la sospecha”. Porque la ilusión de verdad en las notas periodísticas resultan en ocasiones tan potentes como la ilusión de verdad en el documental tradicional: incuestionables.

Miguel Hernández murió en una cárcel de la España franquista, ese es un dato objetivo. Luego, las biografías intentan brindar detalles de las circunstancias.  De todos modos, hay que decir que toda biografía implica una tensión entre los datos objetivos que se obtienen al investigar y la subjetividad de quien la escribe. Personalmente, no me gusta el tono de verdad revelada que algunos autores parecen querer imprimir a lo que publican. Hay, por ejemplo, quienes dicen que tildar a Hernández de “pobre” es una especie de mito construido en torno a su figura. Sin embargo, lo que se dice/sabe es que era pastor e hijo de pastores. Si alguien formula la relación pastor = pobre, es una representación social de quien la lleva a cabo. De ningún modo puede establecerse como regla general. De hecho, la elegía por la muerte de Ramón Sijé, seudónimo/anagrama de José Marín, su amigo del alma, da cuenta de una relación muy estrecha entre dos personas que asistían al mismo colegio católico del pueblo, uno de familia más acomodada y el otro campesino, hijo de pastores. No se plantea en términos de rico-pobre, sino proponiendo una innegable diferencia social de origen. Más allá de los detalles, es interesante tener en cuenta que la teoría literaria sostiene que aún las autobiografías implican una cuota de ficción como parte del relato de una historia de vida.  

Miguel Hernández había sido condenado a muerte, y todo su círculo cercano le pedía que se arrepintiera de su militancia, era lo que el franquismo exigía para el indulto. Hasta Neruda le rogó para que lo hiciera. Pero no dio el brazo a torcer. Finalmente, las influencias (incluso franquistas) lograron cambiar la pena de muerte por 30 años de prisión...y los franquistas radicales tuvieron su revancha: lo dejaron morir, lo mataron de abandono. Por eso en las primeras líneas de este artículo, y aunque suene extraño, aparece la idea de que “el 28 de marzo de 1942 morían en Alicante, España, al poeta Miguel Hernández”. Decir que «falleció», a secas, implicaría una intención discursiva tendiente a despolitizar su existencia, sin más. El poeta no se suicidó ni lo mataron, tampoco “murió” por causas naturales. Acaso el hambre, el debilitamiento de un cautiverio cruel, la depresión, el estrés, las enfermedades; lo arrastraron indefectiblemente a un final que de “muerte natural” tuvo muy poco.

En consonancia con Hernández, el 4 de abril se cumplieron los 10 años del asesinato del docente Carlos Fuentealba. En consonancia con Hernández, algunos medios insisten con la idea de “a 10 años de su muerte”. En consonancia con lo dicho en los párrafos precedentes, sería ingenuo pensar que se equivocaron sin querer en el modo de enunciar. En consonancia con Hernández, el efecto perseguido, quizás, con esa forma de decir, tiene que ver también con despolitizar su figura. Y más aún: un titular que nos presenta la información de tal modo, intenta necesariamente borrar de la escena a algún participante. Dado que si digo “la muerte” no aclaro por qué/cómo sucedió y desdibujo intencionalmente a ese participante que en “asesinato” o “fusilamiento” queda comprometido y expuesto como aquel que realizó la acción de matar.

Morir, o que te maten…

Deja un comentario

Make sure you enter the (*) required information where indicated.Basic HTML code is allowed.

Paralelo sur noticias

Top Desktop version