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YO QUIERO A MI BANDERA[1]….TRES AÑOS DESPUÉS

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YO QUIERO A MI BANDERA[1]….TRES AÑOS DESPUÉS Foto: Archivo - Pablo Campolongo

Nota de opinión realizada por el profesor Marcelo Impemba de la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del Coahue

10 de diciembre 2014 – 2017: El izamiento de la "wenufoye" (bandera mapuche) en S. M. de los Andes y la construcción de la interculturalidad.

“¿Cuáles son las intencionalidades de ser tratados como “traidores a la patria”, ante un acto de profundo carácter simbólico como es el izamiento de un elemento representativo de la cultura mapuche en la plaza principal y centro cívico de San Martín de los Andes, un territorio declarado municipio intercultural…?”

Así nos preguntábamos a fines del año 2014, parafraseando la canción del grupo Sumo, en el documento donde un grupo de docentes de la Universidad Nacional del Comahue reflexionábamos sobre el valor simbólico materializado con el izamiento de la bandera mapuche "wenufoye" en el centro cívico de San Martín de los Andes. Un hecho histórico programado originalmente para el 12 de octubre de ese año (día del Respeto a la Diversidad Cultural), y que tuvo que ser postergado por la fuerte confrontación derivada del cuestionamiento sobre la identidad étnica de nuestra localidad, y del pueblo mapuche como sujetos sociales de un colectivo comunitario social y culturalmente autónomo.

Y finalizábamos el mismo con esta afirmación: “En definitiva, la interculturalidad es una construcción social pendiente”.

Tres años después, este acontecimiento cobra significado en tiempos pre y post electorales en el que se expresan sentimientos encubiertos, que tratan de restablecer el orden y la relación de sometimiento, recurriendo a la propiedad estatal de la fuerza represiva, ante las aspiraciones de los pueblos indígenas de asumir el control de sus propias instituciones, formas de vida, de su desarrollo económico y recuperación territorial de acuerdo a lo establecido en Convenios Internacionales (169 de la O.I.T.) o Constituciones Nacional y/o Provincial.

A contramano de los tiempos que van a favor de una mayor aceptación de la diferencia y la diversidad de género, sexual, religiosa y étnica, y de un reposicionamiento etnopolítico y social desde finales del siglo pasado de las poblaciones indígenas, el Estado en sus diversas formas ha instalado una peligrosa espiral de violencia, con el apoyo de sectores relacionados con el poder comunicacional, judicial y empresarial, generando una estigmatización remixada del “mapuche” como peligroso, terrorista y extranjero, cargada de un renovado prejuicio con el objetivo de crear un enemigo interno.

Las poblaciones mapuche son presentadas a la opinión pública, asociadas a situaciones de permanente conflictividad -toma de tierras, cobros extorsivos, cortes de ruta, acciones de grupos armados-, por sectores públicos y privados tratando de recrear un contexto para consolidar estereotipos de una amenaza externa, con el objetivo encubierto de desacreditar los reposicionamientos étnicos – identitarios de base territorial.

Son en estos momentos cuando las acciones reivindicativas de los grupos indígenas, renuevan aquellos preconceptos racistas de una parte de la sociedad, que expresan su violento rechazo ante los conflictos étnicos y de clase.

San Martín de los Andes -el centro turístico más importante de la Provincia de Neuquén-, no está ajeno a este contexto nacional que nos interpela como sociedad. Desde sus orígenes, como resultado de los tramos finales de la denominada Campaña del Desierto, su historia estuvo vinculada a la dominación y relocalización del Lof Curruhuinca, primero del valle del Lácar a fines del siglo XIX, y en una segunda oportunidad en la década del ’40 de Quila Quina con la llegada de Parques Nacionales. En ambos casos, el estado Nacional les reasignó a estas poblaciones mapuche que habitaban lo que hoy es el casco urbano de esta ciudad cordillerana, los territorios sobrantes o marginales para el desarrollo de las actividades productivas de subsistencia.  Con la transformación en un lugar turístico a partir de la década del ’70, esos espacios anteriormente concebidos como improductivos, comenzaron a tener un alto valor paisajístico - turístico - inmobiliario, y por lo tanto su apropiación y disputa comenzaron a visibilizar la conflictividad territorial resultante.

¿Es posible en este contexto construir la interculturalidad? ¿Qué se entiende por interculturalidad?

San Martín de los Andes se autodenomina “intercultural” en los primeros párrafos de su Carta Orgánica desde el año 2010. A lo largo de su historia, ha tenido una relación contradictoria con sus poblaciones mapuche: Por un lado, los ha “invisibilizado” en una relación de subordinación, y por el otro a los efectos promocionales, el campo turístico ha incorporado rasgos nativos y “étnicos”, apropiándose de elementos aislados de “lo mapuche” (simbología, nombres, mitos y leyendas).

Pero esta supuesta convivencia pacífica se resquebraja en aquellos momentos de visibilización, como el izamiento de la wenufoye – bandera mapuche en la Plaza San Martín, la confrontación con el centro de esquí del Cerro Chapelco o la declaración de Sitio Sagrado al Pijan Mawiza - Volcán Lanín. En cada uno de estos momentos, se recrea en ciertos actores sociales y sectores políticos de San Martín de los Andes, la construcción de una alteridad amenazante, un “ellos – nosotros” donde se definen (y redefinen) violentamente las distancias económicas y culturales que, ocultadas bajo el velo de la “diversidad cultural” nunca dejaron de existir.

La interculturalidad es una cuestión de democratización de la sociedad. El reconocimiento activo del otro en la construcción de las relaciones pluriétnicas. Un cambio de alcance político, cultural y generacional. Como todo proceso social complejo, tiene sus aparentes avances y retrocesos, pero una única dirección hacia el reconocimiento y la consolidación de las condiciones necesarias, para que puedan convivir en forma igualitaria todos los pueblos autónomos.

Este camino de reconocimiento, respeto, integración y diversidad que tenemos que recorrer en forma conjunta, nos interpela como sociedad sanmartinense no solo en el plano político, sino también ideológico, educativo e institucional. Como sociedad civil hemos avanzado en la conformación de diversas organizaciones interculturales, como es el caso de la Mesa Chapelco.

Creemos que el inicio del cambio a transitar, comienza con expresar nuestro profundo rechazo hacia las expresiones racistas y xenófobas formuladas en los últimos tiempos, y una decidida oposición a la violencia que desprecia la cosmovisión de aquellos “otros invisibles”.

Marcelo Impemba, Docente Facultad de Turismo - U.N.Co. e integrante Mesa Chapelco



[1]Fragmento canción “Que me pisen”. Sumo. Llegando los monos (1986)

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