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¿Economía colaborativa o “airbenebización” de la economía de turismo?

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¿Economía colaborativa o “airbenebización” de la economía de turismo? Imagen: Ilustrativa

Nota de opinión escrita por el Dr. Rodrigo González junto a la Lic. Lucía Lusto. Ponen en debate el desarrollo del turismo. Profundizan sobre el auge de las economías colaborativas.

Uno de los debates más actuales y controvertidos del desarrollo del turismo en el mundo es el auge de las llamadas "economías colaborativas". Bajo este nombre se incluyen formas de organizar, promocionar y comercializar servicios turísticos, fundamentalmente alojamiento, pero también transporte y otras actividades, en plataformas digitales como AirBnb, HomeAway y Uber por citar las más conocidas. La primera controversia es su denominación: "colaborativa" no es el adjetivo que mejor describe la naturaleza y el alcance de estas modalidades de competencia. Aunque se puede conceptualizar inicialmente como una “economía basada en redes distribuidas de individuos y comunidades conectados, que busca formas creativas de aprovechar de manera más eficiente los recursos” (Botsman, 2013), lo cierto es que su lógica promueve impactos económicos, sociales y territoriales de magnitud creciente en los destinos turísticos, y está reinventando sectores como la movilidad, el turismo y las finanzas.

Estas plataformas globales son un fenómeno relativamente nuevo, y el debate sobre su naturaleza, modalidades y tendencias plantea múltiples facetas, con variadas interpretaciones a favor y en contra, lo que lo convierte en un tema de improbables consensos.  Es que es un fenómeno generalizado con el que han empezado a lidiar tanto los destinos turísticos como las ciudades tradicionalmente consideradas no turísticas y que no admite recetas mágicas para abordarlo. Sin embargo, y por fuera de toda polémica, es dable puntualizar algunas discusiones sobre los impactos económicos, sociales y territoriales que promueven.

En el plano económico aparecen cuanto menos tres debates:  la competencia desleal, la cuestión de la generación de ingresos y empleos, y finalmente, las implicancias de oferta y demanda.

El primer efecto directo observable de esta "airbenebización" es un aumento expansivo de plazas no registradas, que se suman al sector informal de la economía, por fuera de la legislación, y por ende también por fuera del alcance impositivo, y que implican la amenaza de competencia desleal para los establecimientos registrados e incluso para las agencias de viajes. Este tal vez sea el centro de los cuestionamientos económicos. Por su naturaleza, va contra la lógica y estructura de competitividad del mercado turístico tradicional. La reducción de costos fijos incide en una oferta de precios más baja, que atrae a más y nuevos clientes. Esto significa un doble condicionante económico, porque sumado a la competencia desleal, el traspaso de plazas registradas al mercado informal significa una reducción de la recaudación impositiva, que para las administraciones locales terminará significando un verdadero cuello de botella en sus finanzas ya agobiadas.

En otra dirección, no puede soslayarse que el modelo promueve cierto impacto económico acotado pero positivo, no sólo en la multiplicación de rentas individuales de los individuos o familias que deciden abrir su propio negocio, sino también en la multiplicación un tanto más horizontal del ingreso turístico, sobre todo en restaurantes, actividades recreativas y otros gastos turísticos, al reducirse los costos de alojamiento y facilitar una diversificación del consumo turístico.

Esto lleva al segundo debate económico sobre el empleo turístico, y aquí también aparecen puntos bien antagónicos. En el caso de AirBnB se deja hablar de trabajo en sí mismo; indiscutiblemente se generan menos empleos directos en el sector hotelero y además buena parte de la multiplicación de ingresos queda trunca por la concentración en corporaciones multinacionales que controlan estas plataformas y aglutinan toma de decisiones y beneficios económicos. Del otro lado, no pocos argumentan que este esquema es generador de autoempleo, ya que de todas maneras significa una oportunidad de negocios para agentes económicos individuales. Cabe entonces preguntarse si esta forma organización comercial no tiene el potencial de distribuir empleos y multiplicación indirecta económica de manera más horizontal, sobre todo a escala local.

El debate económico no estaría completo sin consideraciones de oferta y demanda. La oferta de plazas en pisos o viviendas turísticas aumenta exponencialmente por una cuestión de renta diferencial, es decir, por el excedente de la ganancia por encima de la ganancia media obtenida si la vivienda se dedicara al alquiler residencial. En el litoral mediterráneo español, por caso, se estima que la renta turística duplica y hasta triplica la renta que podría obtenerse alquilando la vivienda para uso residencial. Aunque con aristas menos espectaculares, este fenómeno ya se da en nuestra región. En San Martín de los Andes se redujeron 317 plazas habilitadas entre 2013 y 2016, al tiempo que ya se registran más de 300 ofertas de alojamientos informales en la plataforma Airbnb, figurando 68 de ellas como “nuevas”. Actualmente, se ofertan 306 casas o departamentos enteros, 63 habitaciones privadas y 3 habitaciones compartidas. El corolario en casi todos los casos ha sido el aumento del precio de los alquileres y la progresiva desaparición del mercado de alquiler residencial, con los consiguientes problemas de acceso a la vivienda para pobladores locales.

Desde la demanda, la elección de los consumidores de estas plataformas pondera sobre todo una conveniencia de costos, con la practicidad de poder contar con un departamento bien equipado, como si fueran, más que turistas, verdaderos ciudadanos de los destinos que visitan. Ser madrileño, romano, londinense o porteño por unos días es parte de las búsquedas de este post turista, cada vez más significativo en números a escala global. Es un reconocimiento definitivo: esta modalidad se está consolidando como LA forma de alojamiento del turista posmoderno, parte del proceso de transición residencial y reconversión de los destinos turísticos que significa el post turismo. 

               Los debates sobre los efectos sociales y territoriales no admiten tantos pros y contras. La convivencia problemática entre vecinos y turistas ha llevado en muchas ciudades de Europa a un creciente descontento social contra los pisos y departamentos turísticos, y por ende contra esa forma de entender y operar esa economía colaborativa. Los neologismos turismofobia - el enojo creciente y singular hacia el viajero, sobre todo al extranjero - y la turistificación - la concentración de servicios y de alojamientos para el turista en determinadas zonas de ciudades, con proceso de gentrificación residencial y expulsión progresiva de residentes -  son las dos caras de una misma moneda de impactos sociales irreversibles. Desde el punto de vista territorial, el cambio gradual pero incontenible del modelo de negocio lleva a cambios en el modo de apropiación del espacio, que a su vez repercute en la aparición de territorialidades en disputa, algo que empieza a manifestarse de manera notoria en nuestros destinos turísticos de montaña. En las ciudades, la airbenebización y la turistificación derivan en procesos de desterritorialización urbana; empiezan a aparecer espacios que les son expropiados y ajenos a los habitantes de la ciudad. La desterritorialización urbana invita a reflexionar sobre la producción del espacio urbano en las esferas más próximas y cotidianas.

La convergencia de los debates económico, social y territorial lleva finalmente a dos cuestiones: la estacionalidad y el costo de oportunidad para los destinos turísticos. Por un lado, la hibridación turístico residencial rompe la tradicional estacionalidad, y abre el juego para que nuevos destinos emergentes se incluyan en un nuevo mapa de oportunidades turísticas. Por otro, se impone pensar en el costo de oportunidad que estime lo que pierden las ciudades por la gente que ya no vive más allí, es decir, el costo de tener más vivienda residencial vacía durante el todo el año.

Como sea, y más allá de las denominaciones, la llamada economía colaborativa ya ha emergido como nueva practica residencial con rápida expansión en los destinos de todo el mundo. Es parte del post turismo, que implica un cambio de estatus en las áreas y en las prácticas turísticas en el contexto de la globalización y la posmodernidad, involucrando formas de turismo contemporáneas como consecuencia del cambio cultural y el desarrollo tecnológico (Otero y González, 2014). En nuestra región, los cambios ya se sienten. Al tiempo que se presenta como una oportunidad para resolver algunos de los problemas económicos de algunas comunidades y promueve un espacio turístico continuo, encierra desafíos serios a la competitividad sustentable de nuestros destinos turísticos. Es un debate que recién comienza y que aún plantea más dudas que certezas.

Por Dr. Rodrigo González Burgos - Licenciada Lucía Lusto - CEPLADES Turismo, Facultad de Turismo, Universidad Nacional del Comahue.

Citas bibliográficas

Botsman, R. (2013). The Sharing Economy Lacks a Shared Definition. Collaborative Consumption. Disponible en:  https://www.fastcompany.com/3022028/the-sharing-economy-lacks-a-shared-definition

Otero, A. y González, R. (2014) Más allá de la sombra del turismo. Innovación y cambios territoriales en destinos turísticos de montaña. En: Borsdorf, A., Sánchez, R. et al  (Eds.) (2014) Los riesgos traen oportunidades. Transformaciones globales en los Andes sudamericanos.  Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile. Pp. 227-246. ISBN: 978-956-14-1463-1

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